«Y aconteció que mientras la multitud se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios, estando Jesús junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban a la orilla del lago, pero los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes.» —Lucas 5:1-2

Este fue el primer encuentro que tuvo Simón Pedro con Jesús. Cansado por haber trabajado toda la noche tirando las redes una y otra vez sin éxito. Ni un solo pez. Es fácil imaginarse su frustración al lavar las redes. Nunca imaginó el giro que tendría su vida al conocer al Maestro. Todo empezó cuando decidió prestarle su barca para que le sirviera de púlpito; esa misma barca se estaba hundiendo de tanta bendición. Poco a poco dejó de ser Simón, y comenzó a aprender a ser Pedro. Eso mismo nos sucede a nosotros, cuando permitimos que Jesús entre a nuestra vida sin reservas.